“Una vez que el bebé se sienta y empieza a gatear, no para quieto ni un momento. Tiene más autonomía y poco a poco va interactuando cada vez más. Es una etapa preciosa en la que tu bebé empieza a relacionarse más contigo. Pero antes de que te des cuenta, habrá pasado y estará saltando por los sillones, corriendo por el parque y lanzándose por el tobogán boca abajo… A partir de ese momento, se acabó la tranquilidad; puedes dar la bienvenida a los sobresaltos y a los chichones, pero también a la diversión en estado puro”.